lunes, 8 de junio de 2009

Última entrada.

Pude haber elegido otros finales pero fue éste el que me gustó. Por muy oscuro que el paisaje sea, el arcoiris le pone una nota de color. El blog se cierra para tomar un descanso y por falta de inspiración. No sé si, pasando algún tiempo, abriré otro o volveré a escribir aquí. Lo cierto es que, de nuevo, me dio por pensar que paso demasiado tiempo en asuntos virtuales y ahora que hace calor apetece estar más rato en la calle, las terrazas, el parque o, como los gorrioncillos, en cualquier rincón.

Me he preguntado, a menudo, ¿por qué escribo en un blog? La respuesta ha sido que lo he venido haciendo, ante todo, por buscarme a mí misma, por aclarar ideas, pero ha llegado un momento en que no consigo encontrarme mejor. Y, aunque comencé diciendo que de realidad tenía poco, luego resultó que se fue escribiéndo con retacitos míos, algunos alegres y otros que me causaron dolor.

Muchísimas gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí, hagáis comentarios o no. Os seguiré leyendo y escribiendo en vuestros blogs porque aunque no publique, de momento, seguiré registrada.

Un saludo.

viernes, 5 de junio de 2009

¡Era primavera!




El ratoncito había trabajado sin tregua y decidió salir, justo después de comer, a dar un largo paseo sin rumbo fijo. La tarde era azul y radiante, el viento soplaba suavecito.

Andrés caminaba despacio, silbando, con sus manitas en los bolsillos. Se alejaba mucho de su casa pero no le importaba demasiado: ¡Era primavera!, le sobraba tiempo, el cielo estaba despejado y el bosque era muy bonito. En el camino encontró centenares de árboles de muchísimos nombres llenitos de brotes nuevos, pájaros de todos los trinos y flores de mil colores.

"De repente se detuvo sorprendido. Y se preguntó qué podía ser aquella cosa pequeña y húmeda que acababa de caer sobre su oreja izquierda".

De haber hecho mal tiempo, hubiera creído que se trataba de una gota de lluvia pero no podía ser, en el cielo no había ninguna nube.

"No había dado tres pasos cuando volvió a detenerse. ¿Qué sería aquello pequeño y húmedo que había ido a dar sobre su oreja derecha?"

El Sol no tardó en ocultarse entre nubarrones oscuros y espesos , un rayo dibujó un garabato en el cielo y, aún lo peor, llegó acompañado de varios amigos. Muchas gotas pequeñas y húmedas empaparon al ratoncillo que, estando lejos de su casa, tuvo que buscar un refugio, corriendo, dejando de silbar y sacando las manos de los bolsillos.

Por fin, encontró una cueva más oscura que la noche. La recorrió como los sonámbulos, con los brazos extendidos, hasta encontrar un lugar donde poder sentarse esperando que amainara.

"Aaag, aaag, aaa,, aaag." - Escuchó.

Alguien respiraba demasiado fuerte y demasiado cerca. Pensando que podía ser un gato, se le aceleró el corazón y sintió mucho miedo.

"Mira que si ahora alarga sus patas y me apresa..."

"Mira que si aprieta mi pobre cuello con sus grandes garras..."

"Mira que si luego me quiere comer y abre su gran boca y me clava sus enormes colmillos."

Sintió que algo se movía cerca, muy cerca, y ahogó un grito pensando que sería mejor permanecer quietecito para no ser descubierto. Pero se puso nervioso al seguir escuchando:

"Aaag, aaag. "

No pudo más y puso en marcha una idea: fingir una voz seca y grave para tratar de ser confundido con un enorme y peligroso gato.

- "¿Quién anda ahí? - preguntó."

Pero su voz, en la cueva, sonó tan aguda y tan fina como de de cualquier ratoncito.

- " Soy yo, Ratona Andrea -le respondió una voz tan delgada como la hebra de un hilo."

Caminaron el uno hacia el otro, hasta encontrarse, con los brazos extendidos. Se contaron que ambos habían sentido miedo al haber creído que quien estaba cerca era un gato tremendo. Se cogieron de la mano porque a veces les asustaban las tormentas, y esa era una de las veces. Como darse la mano no fue suficiente para hacer desaparecer todo el susto, unos brazos envolvieron los otros y, esperando que la lluvia cesara, empezaron a cantar:

"Que llueva, que llueva
la virgen de la cueva..."

**********

Hasta aquí un resumen-reseña de casi los tres primeros capítulos de "Andrea y Andrés" de Concha López Narváez. Un libro que despierta los valores de la amistad, el respeto y la tolerancia, tres asignaturas que, aún, continúan suspensas.

Mucho mejor leerlo entero ya que nada sabemos sobre cómo son , en realidad, Andrés y Andrea. La cueva estaba tan oscura que ni ellos mismos lo supieron hasta que pudieron salir de ella y no todos los miedos se fueron con la tormenta. O... tal vez ¿no importa cómo sean?

lunes, 1 de junio de 2009

Bajo tu sombra


Orquídea. (La flor censurada)

Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra,

ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas desnudas,

que exprimes tus racimos fecundos en las siestas

sobre los cuerpos que duermen intranquilos,

unidos estrechamente a la tierra que tiembla bajo su abrazo,

con la mejilla desmayada sobre la paja de las eras,

la respiración agitada en la garganta

como hilillo de agua que corriera secreto entre las rosas

y los labios en espera del beso ansioso

que escapa de tu boca roja de dios impuro.

Bajo tu sombra, Junio,

yedra de sangre que tiende sus hojas

embriagando de sonrisas la pared más sombría,

la piedra solitaria;

Junio, paraíso entre muros, que levantas la antorcha de tus árboles

ardiendo en la púrpura vesperal,

bajo tu sombra quiero ver madurar los frutos,

las manzanas silvestres y los higos cuajados de corales submarinos,

la barca que va dejando por los ríos lejanos sus perfumes,

los bosques, las ruinas,

las yuntas soñolientas por los caminos

y el zagal cantando con un junco en los labios.

Quiero oír el inquieto raudal de los torrentes,

el crujido de las ramas bajo el peso del nido

y el resonante silencio de las constelaciones

entreabriendo sus alas como pájaros espumantes de fuego

al fúnebre conjuro de los nocturnos pífanos.

Bajo tu sombra quiero esperar las mañanas fugitivas de frescura

y los atardeceres largos como miradas

cuando todo mi ser es un canto al amor,

un cántico al amor entregado,

mientras las manos se curvan sobre las espaldas desnudas

y mis párpados se tiñen con el violento jacinto de la dicha.

"BAJO TU SOMBRA, JUNIO". P. García Baena

¡Tenía ganas de que llegara! Un junio que empieza en lunes: la jornada continua, la comida en casa, el gazpacho, la sandía fresquita, las tardes sin niños, los días de luz, la galbana, los atardeceres largos, el sol, las vacaciones a la vuelta de la esquina, la música, los libros, los crucigramas, las flores, las enredaderas, los gatos, el acuario del salón, la tortuga, los pájaros, las lagartijas, los helados, el café con hielo, la cerveza, la calle, las fiestas, las terrazas, la sombra, el agua, las tormentas, el olor a hierba y a tierra mojada, la noche, las estrellas, los murciélagos, los buhos, las ranas, los mosquitos, las cucarachas, el calor pegajoso, los ruidos, el insomnio... no sigo, creo que lo bueno gana.

sábado, 30 de mayo de 2009

La hora de los duendes


Todo jardín, que se precie de serlo, debe contar con la presencia de algún duende. Anoche, harta de que los traviesos duendecillos sólo suelan mostrarse en jardines de niños, me dije: ¿Y por qué no en uno de adultos? Recordando un cuento de Millás, relatado por un niño, que comienza con : A mi madre le gustaban las historias de hombrecillos que cabían en la palma de la mano. Todos los años, cuando comenzaba el invierno y sacaba los abrigos del fondo del armario, nos decía: "Mirad bien en los bolsillos, no vaya a haber hombrecillos y les hagáis daño al meter las manos", supe que podía ser, me animé bastante y capturé dos. Paso a presentarlos:


Diego, un duende que nació en fantasía y al que yo encontré, en mitad de un verano, dibujado en el cuento de la imaginación. Me brindó unas horas, me ayudó a poner en orden algunas ideas que rondaban por mi cabeza y prometió tener tiempo para dedicármelo. Lo cierto es que, durante el resto del verano, debió estar demasiado ocupado puesto que no volvió a interesarse por mí, ni tampoco puso ninguna atención en si mis ideas seguían ordenadas o no. Desde aquel momento nada volví a saber de él. Acabado el calor, ignorante yo del por qué y del cuándo, desapareció. Sé que a Diego no le gusta el mal tiempo, se lo pasa durmiendo e ideando travesuras en el sueño y, de nuevo, despierta a ponerlas en práctica a la vez que regresa el calor. Fue anoche, guardando mi abrigo en el fondo del armario, cuando volví a encontrármelo en el bolsillo derecho, todavía dormido. Me resultó sencillo traerlo hasta aquí y él lo permitió. Me alegré porque un jardín sin duende es como un día sin sol.


La segunda imagen, nada tiene que ver con lo anterior, es la fotografía de un ser real. Está aquí porque es una foto preciosa (ya iba siendo hora de encontrar alguna buena) y, además, porque cuando se capturan duendes, en este blog, está a punto de suceder algo con "duende".

¿Tal vez la semana próxima? No se sabe a ciencia cierta, de momento, pero prometo haceros participes de ello a todos puntualmente. ¡Ay, qué ganicas y qué alegría tengo, por dios!



martes, 26 de mayo de 2009

El tobogán de la felicidad


Otro dibujo de Tute

Tute es habitual en este blog porque me maravilla su grandiosa sencillez de palabras para acertar definiciones que no están incluídas en los diccionarios, porque es mi "amigo" en el "face" y porque me mola.

ZUUUUUUUM. Me pongo, de nuevo, a la cola.

domingo, 24 de mayo de 2009

Imágenes en palabras



Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras. No ocurre, sin embargo, cuando la película se hace sobre un libro (consigue ser, por imaginativo, mucho más sugerente el libro) ni tampoco cuando se quiere dibujar un proverbio. Las palabras de la fotografía dejan ver caminos. Dependerá de quien las lea saber si los suyos están libres de hierba o cuajaditos. Creo que los jardines, en este mes, conviene tenerlos bien desbrozados.

Y en ello estoy pensando, en cómo resolver esta tarea, en la madrugada de un domingo de mayo.

"Me sirve no me sirve" M. Benedetti

La esperanza tan dulce tan pulida tan triste la promesa tan leve no me sirve
no me sirve tan mansa la esperanza
la rabia tan sumisa tan débil tan humilde el furor tan prudente no me sirve
no me sirve tan sabia tanta rabia
el grito tan exacto si el tiempo lo permite alarido tan pulcro no me sirve
no me sirve tan bueno tanto trueno
el coraje tan docil la bravura tan chirle la intrepidez tan lenta no me sirve
no me sirve tan fría la osadía
si me sirve la vida que es vida hasta morirse el corazón alerta si me sirve
me sirve cuando avanza la confianza
me sirve tu mirada que es generosa y firme y tu silencio franco si me sirve
me sirve la medida de tu vida
me sirve tu futuro que es un presente libre y tu lucha de siempre si me sirve
me sirve tu batalla sin medalla
me sirve la modestia de tu orgullo posible y tu mano segura si me sirve
me sirve tu sendero compañero.


viernes, 22 de mayo de 2009

Cada vez más tarde

"Summertime" Mary Cassatt

"Se está haciendo cada vez más tarde" es una novela epistolar, existencial la ha llamado el autor, del escritor italiano Antonio Tabucchi que, en un feliz momento, regalé a alguien para agradecerle un pequeño, para mí gran detalle, que había tenido conmigo. No son cartas que den vida, son monólogos de amor masculinos, enviados desde diferentes países, que parecen vividos antes o después del tiempo y la acción relatada, sin dar opción a ningún cambio, como si el destino fuera implacable y el futuro inexistente, 17 son las extraviadas mujeres destinatarias de las cartas. Algo que ya está roto y no puede componerse, mucho menos recomponerse en un futuro inexistente, se vislumbra en cada misiva. Se sabe que las mujeres no las recibirán nunca y, a la vez, se adivina la pena en cada una de ellas.

Como ejemplo dos retacitos del capítulo "El río" que he releído hoy:

"Habría deseado haberte conocido ya cuando te conocí, y en eso, hasta ahora, ha consistido probablemente mi deseo más oculto. Porque en ese punto sueño y deseo coinciden, siendo lo mismo, al menos para aquellos que se imaginan incluso muy vagamente una vida futura después de que las células y el genoma que las mantiene unidas se hayan vuelto polvo".

"Por ello te mando un saludo imposible, como quien hace vanos gestos desde una orilla a otra de un río sabiendo que no hay orillas, de verdad, puedes creerme, no hay orillas, sólo hay un río, antes no lo sabíamos, pero sólo hay un río, quisiera gritártelo: ¡atenta, mira que no hay más que un río!, ahora lo sé, qué idiotas, nos preocupábamos tanto de las orillas y, en cambio, sólo había un río. Pero es demasiado tarde, ¿Para qué sirve decírtelo? "

Al terminar de leerlo recordé un comentario que me hizo una niña de 12 años cuando le pregunté si sabía cuál era el argumento del poema n° 20 de Neruda "Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido" y me respondió: "Está clarísimo, profe, va de un tipo que no se aclara"

¡Anda, para que luego digan que saben poco los niños!