martes, 13 de noviembre de 2007

EL MIRLO Y LA MAGA


"¿Qué venía yo a hacer al pont des Arts?Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la villaderecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Leonie me mirara la palma de la mano y me anunciara viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Leonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro"

¿A quién no le ha silbado, alguna vez, un mirlo escondido, un pájaro cantarín con voz aflautada que puede imitar incluso la voz humana?Igual que el ruiseñor, es un pájaro que no necesita dejarse ver para saber que está "doquiera en las hojas del árbol florido se siente escondido el mirlo trinar"

¿Y la Maga? ¿Quién no ha visto, a veces, a la Maga cruzando un puente con sus zapatos rojos y su abrigo negro? ¡Tampoco necesita ser vista para saber que está!

Ambos son realidad, el mirlo y la Maga. Incluso Merlin es realidad(aunque ésta es otra historia) Su nombre proviene de la palabra mágica mirlo, "merle" en francés y también existió, lo mismo que la Maga de Cortázar. Ella fue un mirlo blanco para el escritor que vendió montones de copias de Rayuela. Y él, puede que, tuviera demasiadas preocupaciones con las coincidencias como para no poder dedicarla el tiempo que se merecía. O, tal vez, fuera ella la que no supo coincidir.

El caso es que la Maga aparece cuando menos te la esperas una mañana lluviosa de febrero cuando te vas a fumar a la calle. Llevas las manos ocupadas, una con el paraguas, la otra con algún libro y ella sonríe porque tu paraguas tiene las varillas rotas y porque no encuentras las llaves. Te hace un guiño y la puerta se abre. Ni una brizna de viento. Sales y detrás de ti la puerta se cierra con un portazo. ¿Es, o no es, la Maga quien lo hace? ¿Se acordará de sus Gitanes?

sábado, 10 de noviembre de 2007

ME ENSEÑÓ A LEER UN CIEGO

Yo tenía cerca de cuatro años y él había perdido la vista, pero no la luz. A menudo me pedía que le ayudara a subir a un desván en el que había una enorme estantería con libros,donde para mí residía la magia, que sólo él podía sentir con sus manos.

Un día cogió uno de los libros, me dijo que le acercara una silla, se sentó, me invitó a que lo abriera al azar y le dijera lo que veía allí dentro. Como se abrió por una pág. sin ilustraciones, le contesté que sólo veía hileras e hileras de hormigas paradas. Fue, entonces, cuando ambos llegamos a un acuerdo: yo le dibujaba, con uno de mis dedos, en la palma de su mano la forma de cada hormiga y él me ayudaba a ponerlas en movimiento.

Puede que la casualidad entrara en escena o que mi tío-abuelo reconociera los libros por el tacto y su lugar en la estantería ya que el título que mis ojos con ayuda de "los suyos" leyeron fue "EL RUISEÑOR" de Andersen. http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/ruisen.htm

Aprender a juntar las letras para que hablaran o se movieran fue tarea ardua pero, poquito a poco y día tras día, conseguimos que el mismo ruiseñor, que tuvo el placer de ver lágrimas de emoción en los ojos imperiales, regresara para ver las de mi tío y las mías.

Más tarde, conocí al ruiseñor de Oscar Wilde y, aún más tarde, supe con Borges que palabras como ruiseñor, en todas las lenguas del orbe, están cargadas de melodía. Con Borges y con Cortázar descubrí al ruiseñor de Keats, que no distingue las flores que tiene bajo los pies, ni el perfume suave que cuelga entre las ramas, pero adivina en la quieta oscuridad cada aroma. También a otros ruiseñores que cantan, en Cernuda a la soledad, en Juan Ramón Jiménez al dolor y en Jorge Guillén a la pasión. Y, cómo no, en un libro que se hizo película "Matar a un ruiseñor" de Harper Lee.

Puede que no sea nada fantástico decir que los sonidos nacen del silencio; la luz, de la oscuridad y de un planeta de colores la armonía. Donde, por cierto, la melodía es amarilla.