lunes, 1 de septiembre de 2008

Flores para ella




Ha llegado un Septiembre de luto. Escuché la noticia en el telediario del mediodía, no sin sobrecogerme, pero como un número más, el 42 en lo que va de año. Acaban de darme la noticia de que su nombre no me era ajeno. Las flores son para ella, para la última víctima de violencia doméstica en Madrid. Porque, habiéndola visto reír tantas veces, nunca sospeché que su vida pudiera terminar de esa manera y por la impotencia de que lo único que he podido hacer haya sido vomitar la cena.


jueves, 7 de agosto de 2008

Decir "Septiembre"

Decir septiembre es recordar

aquel amor perdido,

una vieja gramola

y la voz tierna y triste

de Edith Piaf.

Decir septiembre es recordar.

Irina.

martes, 5 de agosto de 2008

La música del arce

Era martes, el amanecer de un martes cualquiera de un otoño cualquiera. Apenas dibujados los primeros rayos de sol, María paseaba por el parque.

Había ignorado cuál era el extraño poder que la invitaba a comenzar, de esta forma, las mañanas de cada martes de otoño hasta tener constancia de haber nacido, en la primavera de un año bisiesto, un día de lluvia que llevaba el mismo nombre del planeta rojo. Desde aquel momento no volvió a preocuparse, tuvo claro el motivo: somos una pequeña parte del universo, se viene a la vida -se dijo- con una tarea preestablecida, un color predominante que fascina hasta herir la pupila, una estación equivocada... y lo único que hacemos mientras la vivimos es trenzar, constantemente, las mismas mimbres y, como mucho, aprender a pulirlas, mediante la experiencia, con distintos brillos y nuevos contrastes.

Aquella mañana, como tantas antes, el parque estaba solitario. La única música que podía escucharse era la de los últimos perezosos gorriones que se negaban a preparar el invierno permaneciendo en los árboles, la de los surtidores que regaban el césped y la de sus propios pasos caminando hacia adelante. Sin embargo María percibió otra música que jamás había oído antes. Sonaba a lamento de violines, la música que más se asemeja a la voz humana, la oía detrás de ella y, evitando romper el encanto mirando hacia atrás, continuó adelante. Más tarde, tuvo la certeza de que, cuanto más se alejaba, la escuchaba más cerca.

Quizá, y aun sin música, no haya nada tan hermoso como una mañana dorada de otoño en un parque. A pesar de que el día se presentaba cálido, unas ráfagas de viento jugaban con el pelo de María y con las ramas de los árboles. La música se oía cada vez más próxima, entonces decidió volver la cabeza. Detrás de ella sólo había árboles, uno de ellos, un arce que se había engalanado de colores rojos como para ir de fiesta, dejó de mover sus ramas y la música cesó.

- Debí suponerlo, eras tú. ¿Estabas ensayando? ¿En qué orquesta tocas? - Dijo en voz alta María para sacudir el miedo.

- En una de viento ,ja,ja - le respondió el árbol- ¿ Sabes que para confeccionar un violín de los que duran siglos se precisa madera de arce rojo, un buen luthier que realice un trabajo minucioso y un toque mágico?

- No puedes hablar, eres un árbol -dijo ella, asustada y mucho más bajo-.

- Eso es lo que pensáis los humanos. Sin embargo, cuando violinistas experimentados nos llevan a sus casas, transformados en violines, dicen que les hablamos.

- Es sólo una metáfora. Y aquí no hay ningún músico...

- El viento es el mejor de los músicos.

- Ya, y tú eres el mejor instrumento, ¿no?

- Ja,ja, sí, pero nada de esto hubiera sido posible sin tu toque mágico.

- Deja de burlarte, eres un árbol, no un humano.

- Tampoco tú eres una maga y empezaste a hacer preguntas. Ya lo sabes si no deseas respuestas, no debes hacer preguntas ni siquiera a un árbol. Ay, los humanos os pensáis con todos los derechos ¿Qué libro llevas en las ramas?

-Se llaman manos.

- ¿Y el libro?

- "Botchan" de Natsume Soseki.

- Un clásico japonés. Es un tipo de "Guardián entre el centeno" pero con profe protagonista al que hacían la vida imposible compañeros insólitos y alumnos asilvestrados. Si aún no lo has leído, espero no habértelo chafado

- Y tú ¿lo has leído?

- No sé leer, soy un árbol.

Nuevas ráfagas de viento y el arce, ignorando a María, vuelve a hacer sonar su Stradivarius. Ella no se da por vencida, es seguro que cualquier amanecer de un martes cualquiera del próximo otoño regresará para comprobar que ningún luthier se ha encaprichado de su árbol.





domingo, 3 de agosto de 2008

Espejismos



"En el fondo uno ama al mundo a partir de la certeza de que este mundo, triste mundo convertido en campo de concentración, contiene otro mundo posible. O sea, que el horror está embarazado de maravilla. Si uno no tuviera esa certeza a prueba de balas, a prueba de desencantos y traiciones, ¿qué sería de nosotros? En el fondo el acto de vivir, a pesar de todo, es un acto sagrado de locura." Eduardo Galeano.

De vuelta en el número siete, por unos días, en medio de una "crisis económica" mundial (del tercio capitalista, los dos tercios restantes nunca salieron de ella pero siempre fueron una nimiedad incómoda para el otro tercio ) con cuyo nombre hubiéramos estado de acuerdo, los demás, si los que se dedican a engañarnos no hubieran entrado en debates de si existe o no y la hubieran denominado, directamente, PUTADA en grado superlativo o simplemente "ladrillazo" que bien podría definirse como: golpetazo en la nuca, con ladrillo lanzado a velocidad supersónica, que deja sin sueño, literal y metafóricamente hablando, a quienes, de una u otra forma, nos alcanza. Después de haber tenido constancia de precios que comienzan a ser desorbitados: un melón, por poner un ejemplo, nos cuesta 6 euros (mil, de las no tan antiguas, pesetas) empezamos a pensar que a pesar de saber que "el horror está embarazado de maravilla", aún queda mucho para el parto.

Y fue que nos durmieron con cuentos, para tenernos entretenidos e ilusionados en algo, y por algo, nos contaron aquel de Fannie y Freddie, los gigantes hipotecarios del sueño americano con la esperanza de que estos nombres nos sonaran a parejita de enamorados en lucha por el derecho de una vivienda digna, en propiedad y para "todos". Aquí en España el cuento llevaba por título el nombre de grandes Bancos y, hete aquí, que los gigantes, a pesar de que sus ganancias en el primer semestre del presente año fueran superiores a las del año pasado, le ven las orejas al lobo (personaje habitual en muchos cuentos) y para que, como todos los cuentos, termine en final feliz ponen en alerta a los gobiernos de los desórdenes mundiales para solucionarlo. Puede que todo termine con la financiación a los Bancos, empleando dineros de impuestos públicos para solventar intereses privados; esto a corto plazo pero... ¿qué pasará cuando se agoten los recursos de Estado?

- Te recuerdo, Irina, que estás de vacaciones. Decidiste venir con nosotros. ¿Quién te manda a ti leer esas cosas?

- No sé, tal vez, vacaciones sea un espejismo tan grande como otros que nos hacen creer. Aunque, es posible que tengan la culpa mis neuronas espejo que no están de vacaciones.

- ¿Neuronas espejo? ¡Déjaselas a los monos!

- Bueno, igual los Gigantes Autistas de los cuentos no las tienen pero he leído que no sólo los monos, también hay humanos con neuronas espejo.

- Ya, pero no son felices, sufren. Sólo se es feliz ignorando.

- Pues a mí no me gusta ignorar y prefiero creer que las tengo. A veces, cuando funcionan las neuronas espejo te ríes con los otros, no de los otros.

- Mejor nos lo cuentas a la vuelta...

-Vale, espero que a la vuelta no tenga que comprar melones porque hayan madurado los melones y sandías del huerto.

viernes, 11 de julio de 2008

Billete de ida y vuelta

CALLE MELANCOLÍA

Vivo en el número siete, calle Melancolía.

Quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría.

Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía

y en la escalera me siento a silbar mi melodía.

J. Sabina

- Buenas noches, Irina, se termina tu tiempo. Debes decidir ya si te quedas en el número siete o te vienes con nosotros.

- "Nosotros" ¿quiénes sois?

- Nosotros somos tus guías ¿lo recuerdas? Hace mucho nos avisaste y acudimos en tu ayuda pero a la hora de la verdad nos pediste tiempo para hacer las maletas.

- Ya recuerdo, os hice algunas preguntas que no supisteis o no quisisteis responder, me encaminabais hacia un futuro incierto... tenía que llegar hasta él cruzando un oscuro bosque lleno de raíces y maleza. Lo intenté pero no llegué, dejasteis que cayera sin levantarme.

- Todos los futuros son inciertos. El futuro sólo es un tiempo verbal que utilizamos para hablar de algo que aún no ha llegado, es más, no existe porque si tenemos la suerte de presenciarlo, de inmediato, se transforma en presente. Y éste es aquel futuro transformado o presente, llámalo como quieras. En cuanto al bosque, lo soñaste. Soñar bosques enmarañados es uno de los miedos infantiles más comunes que sirve como excusa para no hacer algo. Y ahora, ¿tienes preparado el equipaje?

- Deberíais ser más explícitos, más naturales, menos enigmáticos. Sigo con las mismas dudas. ¿A dónde vamos?

- Querrás decir que sigues con los mismos miedos, sigues dejando escapar trenes, sigues silbando.

- Tampoco es que me hayáis ayudado mucho a vencerlos ¿no es cierto? Desde aquel pasado hasta hoy ¿dónde habéis estado?

- Presenciando como te refugiabas en la chimenea, en invierno, en el aire acondicionado, en verano y en el bienestar de los otros, en todas las estaciones. Así, el bienestar tuyo se ha escapado

- ¿Cuánto tiempo tardaría en alcanzarlo?

- Lo que tardes en preparar las maletas. ¿Nos vamos?

- En realidad, sólo estaba esperando a que vinierais a buscarme ¡Nos vamos!

miércoles, 9 de julio de 2008

Funambulismo optimista


A veces me siento
como un águila en el aire.
P. Milanés
*

ESTADOS DE ÁNIMO

Unas veces me siento

como pobre colina

y otras como montaña

de cumbres repetidas.

Unas veces me siento

como un acantilado

y en otras como un cielo

azul pero lejano.

A veces uno es

manantial entre rocas

y otras veces un árbol

con las últimas hojas.

Pero hoy me siento apenas

como laguna insomne

con un embarcadero

ya sin embarcaciones

una laguna verde

inmóvil y paciente

conforme con sus algas

sus musgos y sus peces,

sereno en mi confianza

confiando en que una tarde

te acerques y te mires,

te mires al mirarme.

M. Benedetti

Los escépticos y los optimistas se miran siempre de reojo.

Son desconfiados de nacimiento,

  • Los escépticos se burlan de los demás y de sí mismos. Se aburren de creer y no echan de menos las ausencias.
  • Los optimistas vencen el tedio y la fiebre. Aprenden del ayer y no lo borran. Conocen y reconocen que vendrá algo mejor y desde ya preparan la bienvenida.
  • Los escépticos van y vienen sin nada. Y lo que es peor sin nadie. Abrazan el pesimismo como único consuelo. Inventan una tristeza sin lágrimas dura como una mueca.
  • Los optimistas se entienden con el río y con el cielo que lleva en su corriente. Saben que allí navega la tutela más leal y más respetable, y asumen el alma como agua.
  • Los escépticos son apenas mendigos, y el tiempo que transcurre les deja sin limosna. No logran escapar del viejo laberinto y reciben mensajes que son indescifrables.
  • Los optimistas en cambio guardan a menudo algo de gloria, que no es siempre la de hoy ni la de antes. Hacen un nudo con las certidumbres y llenan su bolsillo de poesía.

M. Benedetti. "Vivir adrede"

Mil gracias a mi padre por haber sabido inculcarme el valor del optimismo, aún sin religión alguna, advirtiéndome antes de todos los riesgos que conlleva creer en la gente pase lo que pase. Mil gracias porque sí, es cierto, se sufre pero lo importante es ser fiel y confiar en uno mismo, te llamen como te llamen. Mil gracias porque algo que se asemeja mucho a este retacito de "Vivir adrede" de Benedetti lo he escuchado de mi funambulista favorito muchas tardes. Y porque hoy es mi asidero para seguir adelante.



sábado, 5 de julio de 2008

Miradas que matan


"E investigo,

ya sé que, a veces, no hago todo lo que digo

pero resuelvo siempre bajo el aguacero

aunque me tenga que mojar."

"Sobrevuelo" Lagarto Amarillo

Y esta es una de las veces, el mes de julio no iba a tener entradas. No obstante, después de lo que cuente, comprenderéis...
.
Sucedió anoche, estaba leyendo en la terraza del jardín a la luz de una farola, con la única compañía de mosquitos y polillas, cuando vi volar un enorme pájaro blanco que vino a aterrizar en una acacia situada frente a mí. Al principio pensé que era una lechuza, son muy habituales por aquí. Al no tener ni prismáticos ni cámara, cuando me acerqué, no sin recelo por mi parte aunque no por la suya, pude comprobar que se trataba de un búho de mirada amarilla y penetrante, como la de cualquier otro búho, pero con la particularidad de tener el plumaje blanco con algunas motas grises. Puede que se tratara de un ejemplar albino, no es el hábitat natural de un búho níveo. ¿Qué se le habría perdido por allí? El encantamiento duró poco, sus ojos se clavaron en los míos por unos segundos, más tarde me ignoró, giró su cabeza a uno y otro lado como tratando de elegir nuevo rumbo y con la misma elegancia con la que se había posado en el árbol volvió a remontar el vuelo.

Desde siempre me atrajeron las aves nocturnas, cuando niña tuve la suerte de "criar" una lechuza, o "coruja" como aquí la llaman, que llegó una noche hasta casa, herida por el disparo de un cazador, hasta que murió y tuvieron que disecarla para que no la echara de menos pese a que por esta zona se cree que, tanto lechuzas como búhos, son aves de mal agüero que anuncian muertes con su ulular, pero a mí por aquella época, además de la lechuza, nadie se me murió.

Hoy investigué. En las leyendas europeas, las apariciones repentinas de estos animalitos tienen dos vertientes: la de los antiguos romanos en la que anuncian muertes de familiares y la de los griegos que asocian estas aves con Atenea y, por tanto, vienen a darte fuerza y sabiduría para que seas capaz de resolver algo (ni que decir tiene que prefiero la segunda, además siempre me cayeron mejor los griegos que los romanos). Y para algunas tribus o para los chamanes, los espíritus pueden reencarnarse en búhos para traer mensajes del más allá.

No he encontrado nada que hable sobre sortilegios de búhos blancos aunque se da la coincidencia de que, desde hace seis años, yo no me separo nunca de un precioso búho blanco de peluche que me regalaron por mi cumpleaños.