viernes, 28 de marzo de 2008

Estremecimientos que estremecen


Yo no venía de ningún país,
tú ibas camino de cualquier lugar,
conmigo no contaba el porvenir,
de ti no se acordaba el verbo "amar".

Yo no jugaba para no perder,
tú hacias trampas para no ganar,
yo no rezaba para no creer,
tú no besabas para no soñar.

Y sin equívocos de vodevil
ni alertas rojas en el corazón
el dios de la tormenta quiso abrir
la caja de los truenos y tronó.

Joaquín Sabina

Dice Sabina, en una de sus canciones, que "cantar es disparar contra el olvido" y Benedetti, en uno de sus poemas, que "el olvido está lleno de memoria".
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Buenas o malas, las canciones siempre alegran. Sin embargo, me gusta desnudarlas de la música cuando su cuerpo es un poema. No hablan de lo mismo las canciones con o sin ella. Si Sabina y Benedetti están en lo cierto, tras la música se encuentran estremecimientos camuflados que la cuerda de la memoria del corazón pone en funcionamiento sin dejar que el olvido los enmohezca. A veces, sin música las canciones se crecen, se transforman en estremecimientos que, a su vez, estremecen y nos desnudan. Es entonces cuando decimos que "nos llegan". Me apasionan aquellas que dan alas y oídos al poema, que juegan con hermosos versos y que escalan cimas de palabras divertidas o serias.
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Lo mismo me sucede con los libros. Para que alguno me entusiasme necesita estremecerme, pero son tantos los que lo logran que no me da tiempo a digerir todos los que quisiera. Si a esto le añadimos que, en mi profesión, los libros persiguen por todas partes y que el tiempo es limitado, nunca conseguiré que tantos como desearía me lean.
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Últimamente estoy descubriendo a Carlo Frabetti, un autor de enorme talento, imaginación e ironía al que, mediante un fascinante diálogo, le encanta hacerse preguntas y darse asombrosas respuestas; al que le gusta viajar, pasear, escuchar música y, sobre todo, leer; al que le seduce jugar ingeniosamente con las palabras, plantearse y resolver enigmas; y que, por si fuera poco, ha escrito libros con títulos tan sugerentes, para mí, como: "La ciudad Rosa y Roja", "El cuarto purgatorio", "El libro del infierno", "Los jardines cifrados", El árbol paraíso"... donde el purgatorio es una casa, el infierno una biblioteca, el paraíso un jardín y el árbol: "Es el árbol de las elecciones que se ramifican, es decir, de la libertad". ¡Estremecedor!
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Ya os cuento...

2 comentarios:

Ranzou dijo...

Te entiendo prefectamente, Irina. Bueno, es la primera vez que te posteo aquí [o eso creo], y he llegado a tu blog desde el de Muerte por Vida, leyendo este artículo que me llamó la atención por su título.

¿Sabes?, Creo que tienes toda la razón del mundo con eso del estremecimiento. Lamento no haber leído ningún texto del autor que citas, aunque he escuchado sobradamente a Sabina y he leído a Mario Benedetti, gratificándome con ellos a veces con esa sensación y a veces no, dependiendo el momento, del texto y de mí mismo en general.

No sé si habrás leído a Luís Cernuda en ocnos. lo cierto es que tiene un texto, prosa poética que para mí es una pequeña joya de tres páginas escasas titulado "El acorde" y que define esa sensación casi como una vivencia espiritual. Te lo aconsejo ^^.

Bueno, espero pasarme más a menudo por aquí y leer los textos anteriores cuando tenga tiempo jajaja.

Saludos cordiales de Ranzou.

Irina. dijo...

Gracias por recordarme a Cernuda. Me ha gustado, desde siempre, aunque en ese capítulo no me había parado mucho y debería haberlo hecho ya que yo ,también a veces, me siento un poco murciélago aunque otras un poco mirlo. La verdad es que Ocnos no tiene desperdicio.Precioso el capítulo del Mirlo,jejjee..:

"Marzo anochece gris entre los olmos desnudos...Cerca, desde tal clima sin hoja o cual alero, echándose penas a la espalda, silba sentido e irónico algún mirlo."

Me encanta que te hayas pasado por aquí, tienes un bonito blog,que también prometo leer, caballero Ranzou (como diría ella).

Un abrazo!!